El Templo ya no estaba, Jerusalem había sido conquistada y Roma había hecho valer su poder y había aplastado la Gran Revuelta de los judíos. Ahora al fin podría haber quietud.

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Publio Elio Adriano

Cuando Publius Aelius Hadrianus, más conocido como Adriano, tomó las riendas del poder en el año 117 EC, dio paso —al menos en el comienzo— a una atmósfera de tolerancia. Incluso habló con los judíos sobre permitirles eventualmente reconstruir el Templo, una propuesta que fue recibida con una violenta oposición por parte de los helenistas.

El por qué Adriano cambió su comportamiento y adoptó una actitud de abierta hostilidad hacia los judíos continúa siendo un misterio, pero el historiador Paul Johnson en su libro Historia de los judíos especula que probablemente cayó bajo la influencia del historiador romano Tácito, quien en ese entonces se encargaba de diseminar calumnias griegas en contra de los judíos.

Tácito y su círculo de amigos eran parte de un grupo de intelectuales romanos que se veían a sí mismos como los herederos de la cultura griega (algunos nobles romanos se consideraban los descendientes literales de los griegos, a pesar de no existir una base histórica para este mito). Estaba de moda en este grupo asumir todas las costumbres de la cultura griega; odiar a los judíos por representar la antítesis del helenismo era parte de la misma bolsa. Por lo tanto, por causa de esta influencia, Adriano formuló un plan para convertir a Jerusalem en una ciudad-estado pagana con el modelo de la polisgriega, con un altar para Júpiter en el sitio del Templo Judío.

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Para los judíos, nada podía ser peor que tomar el lugar más sagrado del mundo judío y poner un templo para un dios romano en él. Esta era la afrenta máxima. Sin embargo, pese a lo terrible que era aquello, la causa real de la revuelta pareciera haber sido el intento de Adriano de seguir los pasos del Imperio griego seléucico (300 años antes), al intentar destruir el judaísmo. Adriano apuntó específicamente a la observancia de Shabat, a la circuncisión, a las leyes de pureza familiar y a la enseñanza de Torá. Un ataque en contra de mandamientos judíos tan fundamentales estaba destinado a provocar una revuelta… y lo hizo.

Bar Kojba

La ira judía por estas acciones llevó a una de las revueltas más grandes de la era romana. Shimón Bar Kosiba lideró el levantamiento, el cual comenzó con toda su fuerza en el año 132 EC.

Por muchos años los historiadores no escribieron mucho sobre Shimón Bar Kosiba, hasta que los arqueólogos descubrieron algunas de sus cartas en Nájal Hever, cerca del Mar Muerto. Si vas al Museo de Israel podrás ver estas cartas, las cuales son absolutamente fascinantes. Algunas de ellas tratan sobre observancia religiosa, porque su ejército era completamente religioso. Pero también contienen una tremenda cantidad de hechos históricos. Nos enteramos, por ejemplo, de que los judíos que participaron en la revuelta se escondieron en cuevas. (Esas cuevas también han sido encontradas, y estaban llenas de pertenencias de la gente de Bar Kosiba. Las pertenencias —vasijas, calzados, etc.— están en exposición en el Museo de Israel; las cuevas, a pesar de estar vacías, están abiertas a los turistas).

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Gracias a las cartas y a otros datos históricos, nos enteramos que en el año 132 EC, Bar Kosiba organizó un gran ejército guerrillero y consiguió expulsar a los romanos de Jerusalem e Israel y establecer, aunque por un período muy corto, un estado judío independiente. El Talmud (Sanedrín 97b) relata que estableció un reino independiente que duró dos años y medio.

El éxito de Bar Kosiba causó que muchos —entre los cuales figuraba Rabí Akiva (tercera Generación de Tanaim), el más sabio y sagrado de los rabinos de Israel— creyeran que quizás él era el Mesías. Fue apodado “Bar Kojba“, o “Hijo de estrella“, haciendo alusión al versículo del libro de Números (24:17) que dice que “vendrá una estrella de Yaakov”; esta estrella se refiere al Mesías.

NÚMEROS

24:17 Lo veré, mas no ahora; 
Lo miraré, mas no de cerca; 
Saldrá ESTRELLA de Jacob
Y se levantará cetro de Israel, 
Y herirá las sienes de Moab, 
Y destruirá a todos los hijos de Set. 

Bar Kojba resultó no ser el Mesías, y luego los rabinos escribieron que su nombre verdadero era Bar Kosiba, que significa “hijo de una mentira“, destacando el hecho de que era un Mesías falso.

Sin embargo en aquel entonces, Bar Kojba —que era un hombre con una tremenda capacidad de liderazgo— se las ingenió para reunir a todo el pueblo judío a su alrededor. Los relatos judíos lo describen como un hombre de una fortaleza física impresionante, quien podía arrancar un árbol mientras cabalgaba. Esto es probablemente una exageración, pero ciertamente era un líder muy especial y tenía potencial mesiánico, que es lo que Rabí Akiva reconoció en él.

Rabí Akiva Declara a Bar Kojba Mashiach.  Para este punto, Rabí Akiva y sus sabios chachamim contemporáneos pronunciaron a Ben Kosiba el largamente esperado Mashiach, y le invistieron con el título de melech” (Rey) y “nassi” (Presidente).

Las fuentes judías dicen que el ejército de Bar Kojba tenía 100.000 hombres. Incluso si el número hubiese sido sobrestimado y en realidad hubiera tenido sólo la mitad de esa cantidad, seguiría siendo un ejército inmenso.

Unidos, los judíos eran una fuerza temible. Invadieron a los romanos, los echaron de la tierra de Israel, declararon la independencia e incluso acuñaron monedas. Fue un evento único en la historia del Imperio romano.

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Moneda de la época de Bar Kojba. En el lado izquierdo: relieve del Templo de Jerusalén, y la inscripción “Shimón”. En el lado derecho: etrog y lulav y la inscripción “año primero de la liberación de Jerusalén”

La respuesta romana

Los romanos no podían permitir esto. Semejante atrevimiento debía ser abatido y sus responsables debían ser castigados, brutal y completamente.

Pero los judíos no eran fáciles de vencer. Adriano envió cada vez más fuerzas a Israel para luchar contra las fuerzas de Bar Kojba, hasta el punto en el que los romanos llegaron a tener enlistado a casi la mitad de su ejército, alcanzando un total de veinticuatro legiones (el triple de lo que enviaron para aplastar la Gran Revuelta Judía 65 años antes) que fueron llevadas a Israel para intentar aplastar la revuelta.

Liderando esta fuerza colosal estaba el mejor general de Roma, Julio Severo. Incluso con todo este poder a su favor, Julio Severo temía enfrentar a los judíos en una batalla abierta. Este hecho por sí solo es muy revelador, porque los romanos eran los maestros de la batalla abierta. Temían a los judíos porque los veían dispuestos a morir por su fe, una mentalidad que los romanos consideraban suicida. Entonces, ¿qué pasó?

El historiador romano Dion Casio nos cuenta:

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Este relato de Dion Casio —incluso si fuera exagerado en cuanto a los números— es muy interesante. Nos dice que la revuelta fue muy sanguinaria y muy costosa.

De hecho, los romanos perdieron una legión entera en batalla. La vigésimo segunda legión romana se metió en una emboscada y fue asesinada; nunca fue reconstruida. Para el final de la revuelta, los romanos habían tenido que llevar prácticamente a la mitad del ejército de su imperio a Israel para intentar aplastar a los judíos.

¿Por qué perdieron los judíos?

Aparentemente, los judíos estuvieron muy cerca de ganar la guerra. De hecho, ganaron por un tiempo. ¿Por qué perdieron finalmente? Nuestros sabios nos dicen que perdieron porque eran demasiado arrogantes. Habiendo saboreado la victoria, adoptaron la actitud de “gracias a mi fortaleza y a mi valor hice esto” (Deuteronomio 8:17).

Bar Kojba también se volvió muy arrogante. Se sintió ganador. Escuchó a la gente llamándole Mesías. Ciertamente si Rabí Akiva pensó que lo era, entonces quería decir que efectivamente tenía el potencial para ser el Líder Máximo de Israel. También fue corrompido por su poder, llegando incluso a golpear a su tío —el gran Rabí Eleazar Hamodaihasta matarlo, habiendo aceptado acusaciones falsas de que era un espía romano. Debido a esos errores comenzó a perder batallas y fue forzado a retirarse y a luchar como una guerrilla.

En el judaísmo se nos enseña que, si bien las personas deben hacer su máximo esfuerzo, es Dios quien gana las batallas. Ni la fortaleza ni el poder humano logran la victoria.

La caída de Betar

 

Bar Kojba opuso su resistencia final en la ciudad de Betar, que está al suroeste de Jerusalem. Puedes visitarla en la actualidad, pero la Betar antigua no ha sido excavada aún. El Talmud (en Guitín 57a) relata lo que ocurrió en Betar:

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La ciudad cayó en el día más triste del calendario judío, el 9 de av del año 135, el mismo día en que cayeron tanto el Primero como el Segundo Templo.

Los romanos, iracundos, no quisieron permitir que los cuerpos judíos fueran enterrados; querían dejarlos al aire libre hasta que se pudrieran. De acuerdo a nuestra tradición, los cuerpos yacieron a la intemperie por meses pero no se pudrieron. Hoy, cuando los judíos recitan la ‘Bendición por la comida’, el Birkat Hamazón, agregan una bendición especial (ha tov vehametiv) como una forma de agradecerle a Dios por este acto de piedad en Betar.

Agotados, los romanos habían tenido suficiente con los judíos, quienes les habían causado más perdidas de mano de obra y materiales que cualquier otro pueblo en la historia del Imperio. Al final de la revuelta de Bar Kojba, Adriano decidió que la forma de no tener otra revuelta era cortar la conexión de los judíos con su amada tierra.

Como castigo Adriano, En el 135 dC,  cambió el nombre de Jerusalén a Aelia Capitolina, la convirtió en una ciudad pagana y prohibió a los judíos vivir allí. Judea y Samaria pasó a llamarse Siria Palestina.

 

Fuente y agradecimiento:
http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/La-rebelion-de-Bar-Kojba.html
http://toratropical.blogspot.com/2016/06/laglaomer-rabbi-akiva-y-bar-kojba.html
https://www.iglesia.net
https://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%A1spora_jud%C3%ADa