Todos hemos leído en las Escrituras sobre la lluvia temprana y la tardía, pero a veces no entendemos todo lo que tiene que ver con nuestras vidas particulares y la manera de usar esta información a favor de nuestras oraciones. 

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

(Oseas 6:3)

En Agricultura, para poder desarrollar una buena cosecha, se debe depender necesariamente de las temporadas de lluvias y saber determinar en cual de ellas sembrar. En Israel hay dos temporadas de lluvias muy esperadas por los hombres encargados de las plantaciones.

La lluvia temprana (la lluvia temprana era la lluvia de otoño en Israel) – Es la lluvia que inicia el ciclo del cultivo, a ésta se le llama la lluvia de Otoño y  prepara la tierra para ser sembrada, pues antes de  esta lluvia temprana  la tierra se encuentra, después de haber pasado unos meses de sequía, dura, seca y con malezas. Así que, esta lluvia prepara la tierra para ser sembrada. Rompe la tierra, la quebranta y la suaviza para poder ser arada, abonada y que la semilla sea bien recibida en ella, arropándola con su humedad hidratandola y haciendo que germine y salga el brote.

Después de preparar la tierra, abonarla y sembrarla, la planta inicia su crecimiento hasta llegar a un punto que necesita nuevamente de otra lluvia para poder ocurrir en ella otra transformación importante.

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La lluvia tardía (lluvia de primavera) –  Esta lluvia en el primer mes del año hebreo y es llamada la lluvia de primavera, donde todo florece. Esta lluvia es abundante pero no tan fuerte como la lluvia temprana, pues la misión de esta lluvia no es quebrantar la tierra sino de regarla para que la planta tenga la fuerza necesaria para sacar sus flores y luego parir sus frutos.

En Deuteronomio encontramos “la lluvia” como una de las grandes bendiciones de Dios:

28:11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 
28:12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. 

En el sentido espiritual estas lluvias representan dos etapas por la que debe pasar todo creyente y el conocimiento de ellas nos permite entender como orar por los que aún no han recibido la semilla (en su corazón) y saber la razón por la cual la semilla no ha producido ningún cambio, o no entra en ellos ni puede entrar y mucho menos germinar. También, este conocimiento, nos ayuda a visualizarnos y entender si  nuestro corazón está o no dispuesto y listo (que somos tierra) para recibir la semilla,  si nuestra tierra está lo suficientemente “quebrantada” e hidratada para hacer germinar la semilla plantada que es la Palabra de Dios, y si estamos o no en el tiempo de dar nuestros frutos o el por qué no lo estamos dando. Analizando sabremos orar con conciencia y entenderemos lo importante de esperar con paciencia.

Santiago nos habla de la importancia de esperar estas dos lluvias y sobretodo nos señala lo que debe imperar en nosotros mientras estas dos lluvias hacen su trabajo:

Santiago

5:7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia “hasta que” reciba la lluvia temprana y la tardía

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Entendamos, pues, que el corazón del que aun no ha aceptado el nuevo pacto,  necesita primero estar “quebrantado”, necesita tener su tierra blanda después de que haya caído sobre él o ella la lluvia temprana y lo prepare para recibir la semilla. Saber, también,  que su tierra está endurecida porque ha pasado un tiempo largo sin recibir agua (pruebas). Y la importancia de orar por las almas sobre quienes va a caer la santa semilla, para que sus tierras estén preparadas.

Y a los que ya hemos aceptado el nuevo pacto, y que estamos siendo hechos a imagen y semejanza del Eterno, aceptemos con alegría esa lluvia temprana, esas pruebas, sabiendo que seremos sembrados de nuevas Palabras de vida que producirán un cambio en nuestro interior, y posteriormente con la lluvia tardía daremos nuestro fruto.

SANTIAGO

1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas
1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia
1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. 
1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.